“BLANC” de la trilogía Azul – Blanco – Rojo (1994)

Sobre el contrabando de sí mismo”

Una maleta pesada, rueda sobre la cinta transportadora de un aeropuerto, así comienza la película “Blanc” de Krzysztof Kieslowski … que forma parte de la trilogía Azul, Blanco y Rojo hecha en honor a Francia en plenos años 90´.

 

Un personaje, Karol, que siento patético, fuerte y tierno al mismo tiempo protagoniza una historia de amor, que bien podría decir es para mí, una historia sobre la flagelación a través del amor. Dos seres que se aman y se dañan, al punto de atravesar los límites que protegen la integridad de cada uno. Una pasión que se despliega, amparada entre escenarios de Paris y de Polonia, bajo una música que trae la nostalgia de una inocencia perdida. En el trasfondo, la caída del muro de Berlín como escenografía política al drama de las almas.

 

Poesía y símbolos marcan esta obra de arte de Kieslowski. Algunos de sus íconos se repiten, como en cada película del autor, con un mensaje que va más allá del tiempo de “Blanc”:

… una viejita, con el cuerpo doblado por sus años, busca botar la basura en un sistema que le queda muy lejos;

… un personaje triste y trascendente asume la posición de Dios, jugando con la muerte y la vida;

… el uso de un color, en este caso el blanco, que llena la pantalla con su luz particular.

 

Krzysztof Kieslowski hace cine en las fronteras de lo que somos, y nos regala una vivencia poética, llena de significado, y de profunda y compleja humanidad. Al final, parece que era Karol y no Mikolaj el que jugaba a Dios. Es maravillosa la imagen de estos dos hombres gritando de alegría en la nieve, cuando descubren, ambos, que están vivos. Es triste cuando, casi al terminar la película, pareciera que el fraude gana y el amor pierde.

 

Sorprende la selección del color blanco para esta película, cuyo tema revela con tanta fuerza la sombra de los personajes, en una trama que danza entre lo sublime y el infierno. La paradoja se presenta en colores desde el comienzo: la paloma ¿representante del cielo y tal vez de la paz? contra su descarga, blanca, por cierto; el rojo de la cama donde todo se consuma, contra el blanco de la piel de Dominique.

 

Recuerdo haber visto esta obra hace unos quince años atrás y no me gustó, incluso me enojó. Hoy, la percibo distinto. No solo puedo disfrutar su ritmo poético, sino que acepto el desafío de sus contradicciones, y la presencia de un amor que tal vez trasciende los límites tradicionales, para realizarse al borde de la locura.

 

Posibles preguntas para conversar:

 

¿Por qué llora Karol al final?

¿Por qué la mira desde su llanto con esta ternura?

¿Qué significa la sonrisa de Dominique en la ventana?

¿Qué representan las palomas presentes a lo largo de la película?

¿Es venganza o amor que comprende?

¿Cómo sigue esta historia más allá del último intercambio de señas?

¿Qué tiene que ver el tema con la libertad y con Francia?

 

Suerte en la conversación, y esperamos vuestros comentarios.

Alicia

 

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