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Artículo Larisa Michell para la revista Impacto Positivo

¿Cómo ocurre el fonómeno de la vida? ¿Cómo surge la experiencia? ¿De qué hablamos cuando hablamos de mente? ¿Dónde está la mente?

Todas estas preguntas son cuestiones que a la luz de las investigaciones en neurociencia de los últimos 20 a 30 años, han ido generando un cambio de mirada sustancial en la relación mente-cuerpo, en tanto dos entes inseparables, lo que nos lleva a ubicarnos ante un nuevo paradigma de comprensión de la naturaleza de la mente y que nos invita a cuestionar el paradigma cartesiado, centrado en la razón de nuestra cultura.

En este texto busco profundizar en esta temática abordando los conceptos de fenomenología, neurofenomenología, enacción y “mente encarnada”, desarrollados por el biólogo chileno Francisco Varela, de gran reconocimiento mundial por sus investigaciones en relación al fenómeno de la vida.

La fenomenología se refiere al estudio de los fenómenos de la conciencia, de la experiencia subjetiva, es decir la conciencia de lo que nos ocurre internamente, en las capas profundas de nosotros mismos, en nuestro desenvolvernos en el mundo y de lo que solo tomamos conciencia si intencionamos el observarnos en profundidad.

La neurofenomenología es la denominación con que Francisco Varela, define su investigación acerca de la relación entre la experiencia subjetiva y la corporalidad objetiva. Combina la neurociencia con la fenomenología para estudiar ña experiencia. El concepto de “enacción” se refiere a que el conocimiento, el acto de conocer, conlleva movimiento, acción en el mundo, por tanto, integra el cuerpo activamente. El desarrollo de la mente ocurre desde e nacimiento en el moverse.

Las acciones como reflexionar, recordar, percibir, etc… emergen desde una sincronía de distintas partes del cuerpo, modulada por el sistema nervioso que conecta los diferentes sistemas (esqueleto motor, digestivo, inmune…) dando lugar entonces a una experiencia y a la mente.

¿Qué es lo que conlleva ubicarse desde este nuevo paradigma? Como primera cosa, diremos que evidencia la imposibilidad de separar mente y cuerpo y nos invita a comprender que todo lo que sucede a nivel corporal influye en nuestros pensamientos y emociones, así como todo cambio a nivel corporal lleva cambios en nuestro sentir y hacer. Se trata de un profundo nuevo entendimiento en un mundo para el cual el cuerpo hasta hace poco tiempo solo cumplía meramente el rol de sostener nuestra “cabeza pensante”.

Este cambio de paradigma nos invita a darnos cuenta que existe un conocimiento que no pasa por la razón, sino que ocurre desde un sentir, desde una percepción a nivel de la corporalidad.

Esta conciencia y contacto con lo propioceptivo (“sensación de lo propio”, sensación del cuerpo) permite primero contactar con la sensación de la vida, con un “sentido” de la existencia que es un referente necesario en una cultura que nos ha llevado hacia el afuera, hacia el futuro, hacia los logros, desconectándonos de nuestra interioridad.

Este contacto con el cuerpo también permite el desarrollo de mayor claridad, mayor seguridad en nosotros mismos desde una autocontención y permite también el acceso al mundo intuitivo y al munco emocional.

Por otra parte, si profundizamos en el determinismo estructural, concepto con que Francisco Varela y Humberto Maturana explican que las perturbaciones que puede sufrir un sistema al interactuar con el ambiente, dependen exclusivamente de la dinámica de interacciones que le permite su estructura; vale decir, por ejemplo, que la experiencia en una estructura de un insecto será muy distinta a la que permite la estructura de un ser humano, nos encontramos con que nuestro tipo de cuerpo determina parte de nuestra percepción.

En este sentido, la bióloga chilena Carmen cordero, ha desarrollado un modelo desde el que distingue una relación entre la estructura corporal (“biotipo”), emociones prevalentes y focos atencionales específicos que dependen de la estructura corporal. Lo que implica que el tipo de cuerpo más fuerte, más tenso o más flojo (lo cual depende de un componente genético junto con las expericncias de vida) llevará a ciertas disposiciones a la acción. Por lo tanto, el tipo de cuerpo, influye en si tendemos a ser más racionales, más emocionales o más orientados hacia la acción. Esta explicación es evidentemente una explicación simplificada para comprender de lo que estamos hablando, ya que se trata de procesos complejos.

De acuerdo entonces a estos nuevos descubrimientos desde las neurociencias, específicamente la neurobiología y neurofenomenología, se hace esencial y urgente en tiempos en que necesitamos mayores recursos para enfrentar momentos complejos, integrar este cambio de paradigma en forma activa, trayendo el cuerpo en los procesos de vida, cambio y transformación.

A través del área de Extensión de Newfield Consulting,  los invitamos al taller “La sabiduría del cuerpo y las emociones” a realizarse los martes 15 y 29 de junio y 13 y 27 de julio. 

Larisa Michell

Psicóloga Clínica y terapeuta corporal. Trabaja desde hace más de 15 años integrando la dimensión corporal y emocional en procesos de desarrollo personal y psicoterapia de adultos; Directora por 10 años del área de psicoterapia adultos del Centro de Integración Cognitivo Corporal (CICC) de Santiago de Chile. Actualmente dicta curso de formación y talleres en torno a la relación “Cuerpo, mente, emociones” en Chile, Brasil, Uruguay, Perú y España.

Puedes ver el artículo original en la Revista Impacto Positivo

Si eres egresado de la ECORE y deseas contar tu historia, escríbenos a: eureka@newfieldconsulting.com

Este artículo fue escrito por personal no perteneciente al área administrativa de Newfield Consulting ni de Eureka, por lo tanto no nos hacemos responsables de las opiniones y comentarios reflejados en el mismo.

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