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Artículo de Nicolás Hurtado para la revista Impacto Positivo

En el coaching ontológico iniciamos una sesión indagando por aquel resultado que el coachee evalúa como “insatisfactorio”. A partir de allí vemos como el resultado remite a acciones que la persona ejecutó o no ejecutó. Pero no nos quedamos analizando solo la acción, sino que indagamos para acercarnos a comprender la forma de ser de esa persona que ejecuta dichas acciones. Luego, con interpretaciones y experiencias diferentes, buscamos iniciar un proceso de transformación que genere movimientos en la forma de ser y esto habilite acciones que antes no eran posibles.

Más que describir lo que es el coaching ontológico, vamos a ahondar en el aprendizaje y la transformación. Para esto se me hace necesario introducir el término de “Observador”, el cual apunta a la forma particular en que alguien interpreta y da sentido a la realidad. Y es a partir de ahí que una persona vislumbra, elige y ejecuta las acciones que considera posibles.

Volvamos a esto de “la forma como interpretamos y damos sentido a la realidad”. Sabemos que esto lo hacemos a partir del lenguaje, pues es ahí donde hacemos juicios de lo que está bien o mal, lo que es adecuado o no, lo que es posible o imposible, etc. Pero también en nuestra biología, existe un “lente interpretativo”. Las experiencias que vivimos en los últimos meses de gestación y los posteriores meses a nuestro nacimiento, labran un tipo de “observador” en nuestro sistema nervioso. Esto hace que nuestro organismo interprete como amenazantes o seguras ciertas señales corporales o del ambiente.

Pongamos un ejemplo para aterrizar. Una personas que vivió la experiencia donde sus papás dijeron “dejemos llorar al niño hasta que se canse y se duerma”, aprendió en su sistema nervioso que llorar es peligroso y que pone en riesgo su organismo y agota la energía hasta el colapso. Ahora su sistema nervioso tiene pánico de llorar. Sin ser siquiera consiente , cada vez que se acerca un llanto, su garganta se aprieta, la respiración se reduce e inmediatamente le entra una emoción que lo mueve a “activar el hacer” para poder disociarse de la tristeza. Todas estas son respuestas autónomas frente a lo que ese organismo considera una amenaza.

Steven Porges nos ha entregado una nueva mirada de la biología del miedo, la cual nos aporta inmensamente no solo en el coaching, sino en la vida en general. Su propuesta de la Teoría Polivagal muestra cómo nuestro sistema nervioso autónomo (SNA) responde ante eventos que “interpretamos como amenazantes”. Resalto esta última frase porque es importante ver que lo amenazante muchas veces no es objetivo, sino altamente subjetivo, así como lo describí en párrafos anteriores.

Un ejemplo que viví en un coaching, fue con una mujer de 50 años. Al ver su cuerpo percibí un miedo instalado: hombros elevados, mirada desconfiada y voz temblorosa. El tema de la sesión tenía que ver con maltratos que había recibido de su jefe y donde ella no podía ponerle límites. Habiendo visto su cuerpo, yo intuía que un ejercicio de límites era demasiado amenazante y por esto trabajé progresivamente en su arraigo y que primero sintiera sus pies, el presente y su persona adulta. Luego la invité a subir las manos en posición de límites y efectivamente el cuerpo reaccionó con mucho miedo, su respiración se agitó, sus ojos “se fueron a otro mundo”… ahí paramos, le pedí respirar y fuimos poco a poco trabajando esto en sesiones posteriores. Podemos ver aquí un sistema nervioso que aprendió que poner límites era un riesgo de muerte y por ende al simular ponerlos, se congela y se disocia.

La teoría polivagal nos lleva a un recorrido evolutivo de las respuestas frente a una amenaza y nos muestra cómo el “congelarse” lo heredamos de nuestros primos lejanos, los reptiles. Luego vino una innovación con los mamíferos, donde se formó el sistema nervioso simpático el cual, ante una amenaza ahora nos permite tener 2 posibilidades más: correr o pelear. Y Steven Porges nos habla de algo más arriba en la jerarquía, que es el sistema nervioso Parasimpático en su rama Vago Ventral, la cual nos habilita la posibilidad de vínculo social.

Retomo el tema de la transformación. Cuando sentimos el miedo que nos genera la incertidumbre de la transformación, podemos recurrir al vínculo social empático, a ese vínculo que muchas veces nuestros coachees declaran en las sesiones en frases como: “me sentí muy cómodo contigo, sentí la confianza de poder conversar sobre esta dificultad y navegar la incomodidad que me genera este tema”.

Lograr generar los espacios de confianza que habiliten la posibilidad de transformación es un componente muy importante no solo en el coaching, sino también en la vida. Si vemos a nuestros hijos, ellos también requieren de un ambiente de confianza y vínculo social empático que les permita arriesgarse, equivocarse, caerse y volverse a parar para arriesgarse nuevamente a vivir plenamente.

Vemos el “vínculo social” desde el lenguaje científico. Cuando contamos con un vínculo social empático y seguro, nuestro SNA habilita la operación del córtex y el cerebro límbico y esto dispone el terreno adecuado para el aprendizaje. Cuando una persona se encuentra en un estado de amenaza y alerta, su córtex deja de estar disponible y se sobre-activan el tallo cerebral y el cerebro límbico. Esto activa nuestras respuestas de defensa y eso nos dispara a discutir (pelea), evador (huir) y/o desconectarnos de la conversación (congelar/ disociar), lo cual restringe las posibilidades de aprendizaje.

Considero un imperativo que padres, educadores, líderes, coaches y todos aquellos que acompañen procesos de aprendizaje, tengan conocimientos básicos de cómo funciona nuestro SNA. No solo para diseñar ambientes adecuados para incrementar la efectividad del aprendizaje, sino también para poderse conectar empáticamente y legitimar las respuestas autónomas que pueden dispararse en personas con las que interactúan. Esto sin duda aportará en ese deseo que tenemos de una sociedad más respetuosa y unida.

Si deseas sumarte a un taller sobre este tema, para conocer más sobre el Sistema Nervioso Autónomo, escríbenos a extension@newfieldconsulting.com para enviarte las próximas fechas.

Nicolás Hurtado

Ingeniero Mecánico de la Universidad de los Andes, Magister en Coaching Ontológico Avanzado de la Universidad del Desarrollo (Chile) y certificado en el programa ABC (Newfield Consulting). Trabaja como coach titular formando líderes en programas de: coaching onotológico, competencias directivas genéricas, intervención de equipos, innovación, entre otros. Su pasión por comprender y trabajar con las dinámicas humanas lo llevaron a obsesionarse con los fenómenos corpo-emocionales. A partir ahí ha explorado diferentes abordajes, entre los cuales resaltan: • TRE, cuyas siglas en inglés traducen Ejercicios para la Liberación de la Tensión y el Trauma. • Análisis Corporal Bionergético. Su pasión lo llevó a traer la primera escuela de Análisis Corporal Bioenergético de Colombia. Hoy, su visión se apalanca en los avances científicos y apunta a lograr que el abordaje corpo-emocional deje de ser visto como esotérico.

Puedes ver el artículo original en la Revista Impacto Positivo

Si eres egresado de la ECORE y deseas contar tu historia, escríbenos a: eureka@newfieldconsulting.com

Este artículo fue escrito por personal no perteneciente al área administrativa de Newfield Consulting ni de Eureka, por lo tanto no nos hacemos responsables de las opiniones y comentarios reflejados en el mismo.

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