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Me ha tocado, vivir momentos inesperados que se quedan en mi memoria, como cicatrices, como un accidente o un golpe, que me dejan desconcertada, que nunca vi venir…

Esta vez fue la muerte que me sorprendió así, con toda su omnipotencia…

No importa donde comience… En el momento, me he sentido choqueada, terremoteada, con taquicardia, sorprendida, tiritona, paralizada. Y la sensación, ahora…después… es de presente, de estar fuertemente arraigada en un cuerpo y una tierra que me demanda en el día a día, ser, tener presencia, sentir y vivir.

Estoy a su lado, al comienzo de una reunión de trabajo, ella cuenta algunos recuerdos de su papá, y de sus propios planes de hacer algo artístico y de pronto se interrumpe para decir…”me siento mareada” y comienza a desvanecerse en la silla. La tomo, ayudo para que no se caiga y se golpee. Su cuerpo esta duro, pierde la forma, la flexibilidad… Desde estos momentos, las imágenes, se empiezan a suceder rápido al igual que el pensamiento… será un desmayo, una convulsión ¿Qué hago? El cuerpo se desvanece, no observo sufrimiento, sangre, nada… se cierran sus ojos y en menos de 1 minuto… se acabó ya no hay nada…nada en ese cuerpo que queda inerte.

Me veo parada mirando esta escena, mirando el cuerpo de una persona cercana que hasta unos segundos atrás, tenía en si misma toda la vida y presencia que yo siento proyectamos los seres humanos, y los seres vivos…yo misma!

Ahora hay un cuerpo, una máquina que no está funcionando. Alguien no existe ahí. Luego supe la explicación científica, fue causado por un aneurisma en la base del cráneo. Muerte en segundos.

UFFF sin palabras.

No puedo dejar de preguntarme… ¿Qué fue esto? ¿De qué estamos hechos? ¿La vida? ¿La muerte? ¿Soy espíritu y presencia en el mundo, con un cuerpo del que dependo? ¿O mi cuerpo es presencia y espíritu? ¿Importará esta distinción?

No sé… mi sensación, es que vi con incredulidad como el cuerpo quedaba sin presencia y espíritu en segundos… pasó de un estado de vida plena, a un estado de vacío y nada, en segundos, frente a mis ojos y no pudimos ninguno de los presentes hacer nada… Se me presenta ese vacío – muerte como un gran espacio de nada, poderoso, fuerte, inevitable, sorpresivo y también lo siento liberador.

Frente a la muerte, ¡sentí tanta impotencia!… Impotencia, porque no hay como sostener algo que se sostiene en el misterio; la vida, eso que llamo presencia, algo que no se toca, pero que percibimos a diario y que damos por sentado en nosotros mismos y los demás… parece estar ahí para todos… aunque se siente propio, hoy sé que no lo es… sentí como se puede ir, desvanecer, perderse, y está más allá de nuestro control, nos supera en tantos sentidos que siento la precariedad, la vulnerabilidad y al mismo tiempo esta dicotomía de sentir que vivo en la fortaleza… de siempre tener un mañana … Y quizás eso es también la muerte… solo un paso a otra forma, estado, energía… me gusta pensar eso, me da consuelo. Muerte me parece también dejar ir, recordar con paz.

Me golpea la realidad, de esto que llamo vida, presencia en este mundo y que también es muerte perdida de un ser cercano que estaba como yo me siento lleno de vida todavía.

Me pregunto por la misión, por el sentido…y las respuestas no se me aparecen.

Se me viene a la cabeza la frase de una canción… mientras me recuerdes, estaré viva.

Ahora no hay nada que yo pueda hacer, más que aceptar, algo que ya sabía. Reconocer algo que siempre ha estado aquí con nosotros, conmigo… la perdida de la vida como una posibilidad cierta a la vuelta de la esquina, la muerte como el término de una presencia conocida… mi amiga, amigo, mi ser muy querido, en otra dimensión y en mi recuerdo de vida.

¿A qué le llamo presencia? Quizás a aquella forma de vida que amamos en los demás, a su particular forma de estar en la vida…, y también aquello que no amamos, que nos molesta pero que hace que cada uno sea alguien especial y distinto para nosotros. A esa energía que percibo especial de cada ser, que nos vamos topando que influyen y tienen impacto en nuestra forma de estar en este mundo.

“La vida me da todo tipo de lecciones.

No me avisa.

Me encuentra:

Con dicotomías de vida y muerte:

Con dolor y alegría,

Con pérdidas y ganancias,

Con sorpresas y consecuencias esperadas.

Con confianzas y miedos,

Con recuerdos, de amor y presencia.

Y, con olvido y desamor.

Con aventuras posibles, e imposibles,

Con sueños y desafíos.”

Quizás la ciencia de la experiencia, está en la presencia que logramos de nosotros mismos… En este punto estoy…

Me he pasado masticando esta experiencia y sintiendo que me cambió la vida… en lo profundo… me pasa algo, que no he podido describir,… la muerte sabida como cierta y una especial sensibilidad que estoy sintiendo a estar de paso…y de preguntarme… ¿Cómo quiero pasar? ¿Qué tipo de presencia quiero ser en mi mundo?

Así que, esto es lo que me estoy diciendo…y averiguando todo el tiempo… Aprovechando conscientemente, siento, vivo, gozo, dudo, deambulo y me presento…

Me asombro a cada momento ahora, porque aunque siempre he sabido que moriremos… esto conocido… como lo conocemos, ¡se acaba!

Pareciera que con cada muerte perdemos una presencia que nos iluminaba…

Con cariño, para seguir pensando…. Ana Maria Correa

Coach Ontológica Senior de Newfield Consulting.

Candidata a Magister en coaching Ontológico Avanzado, Universidad San Sebastián (2015)

Diplomado en Competencias Conversacionales y Diplomado en Coaching Ontológico, Universidad del Desarrollo (2013)

Directora Ejecutiva del Centro Nacional de la Familia, CENFA y CENFA OTEC, Fundación con 50 años de existencia, privada, sin fines de lucro cuya misión es el fortalecimiento de la familia en Chile. Docente de Escuela de Trabajo Social de la PUC, Pontificia Universidad Católica de Chile. Labor por la que fue galardonada como una de las 100 mujeres líderes del 2014 por el diario Chileno el Mercurio.

Mentora Programa Comunidad Mujer para el emprendimiento.

Equipo Eureka

6 Replies to “La inesperada muerte”

  1. Ana María gracias por compartir. Un tema que me deja pensando y me muestra otra forma de ver la vida, la muerte. Me resultó interesantísimo. Fuerte abrazo aún desde Panamá.

  2. Impresionante, Ana María, que fragilidad inmensa la de la vida. Claudio Naranjo fallecido hace poco tiempo, decía que si tuviéramos más presente la única verdad de la vida, la muerte, seríamos seres más nobles y cariñosos. Tu relato devela la fragilidad,…… que ese mañana que creemos seguro, no es tal. Un buen recordatorio para ser conscientes que las acciones son hoy mañana puede ser demasiado tarde.

  3. Gracias Ana María, muchas gracias por compartir estas reflexiones que me tocan especialmente por diferentes experiencias acumulativas. “Pareciera que con cada muerte perdemos una presencia que nos iluminaba…” claro que sí!!! Y con ese cariño que nos invitas a seguir pensando, me ayudaría también seguir conversando… para lograr ACEPTACION Y PAZ.
    Muy agradecida, Ana María. Un abrazo muy grande desde España

  4. ANA , MUCHAS GRACIAS POR ESTAS PROFUNDAS REFLEXIONES QUE NOS PERMITEN DESCUBRIR LO VULNERABLES QUE TODOS SOMOS ANTE ESTA REALIDAD, SOLO NOS QUEDA VIVIR LA VIDA CON MAYOR PLENITUD DESCUBRIENDO EN TODO MOMENTO NUESTROS APRENDIZAJES JUNTO A LA CAPACIDAD DE COMPARTIR Y MIRAR JUNTOS A UN FUTURO MÁS HUMANO, CON MÁS SENTIDO.

  5. Gracias por tu reflexión Ana María, fue un regalo para mí encontrarme con estas palabras en este momento en el que también vivo un duelo, la sincronía no casual de la vida que me sorprende siempre.

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